Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos

José Saramago

José Saramago (Foto de Associazione Luca Coscioni: https://www.flickr.com/photos/associazionecoscioni/1061784050/in/photostream/)

Varias veces he sacado el tema de que la edad se lleva por dentro y uno no es más viejo porque tenga más años, sino por la vitalidad que tenga, por las ganas de vivir, de divertirse, de hacer cosas. Como cuando nos juntamos un grupo de amigos de entre 22 y 63 años para festejar las noches de fin de año llenas de diversidad, lo cual es siempre muy enriquecedor para todas las partes: unos tienen la fuerza y el atrevimiento de la juventud y otros la experiencia de los años, unos tienen el miedo al ridículo y otros ya están más que escaldados, y si juntas todos los ingredientes tienes una mezcla explosiva y divertida.

Hoy os dedico un poema de José Saramago, un escritor portugués, que supo plasmar en él todo lo que quiero trasnmitiros y que a veces no se cómo expresar, porque como bien dice Saramago: “no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte“. Espero que lo disfrutéis tanto como yo y que os quedéis con unos versos para recordar cada día que sois tan jóvenes como queráis.

 

¿Que cuántos años tengo?
¡Qué importa eso!
¡Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido…
Pues tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo
otros “que estoy en el apogeo”.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,
para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos,
rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir:
¡Estás muy joven, no lo lograrás!…
¡Estás muy viejo/a, ya no podrás!…
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma,
pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños,
se empiezan a acariciar con los dedos,
las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor,
a veces es una loca llamarada,
ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
y otras… es un remanso de paz, como el atardecer en la playa..

¿Qué cuántos años tengo?
No necesito marcarlos con un número,
pues mis anhelos alcanzados,
mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas…
¡Valen mucho más que eso!
¡Qué importa si cumplo cincuenta, sesenta o más!

Pues lo que importa: ¡es la edad que siento!
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos

¿Qué cuántos años tengo?

¡Eso!… ¿A quién le importa?

Tengo los años necesarios para perder ya el miedo
y hacer lo que quiero y siento.
Qué importa cuántos años tengo
o cuántos espero, si con los años que tengo,
aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno.

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