A todos los papás

A todos los papás (GaborfromHungary)
Cuando somos niños parece que los papás son la parte menos relevante del conjunto «padres». Por lo general, en una familia de padres heterosexuales (papá-mamá), la madre, por muy progres y modernos que nos pintemos, sigue siendo la que corta el pavo. La madre es la que da a luz, la que lo sufre, la que lo alimenta por primera vez, la que lo nutre con su pecho, la que sabe dónde encontrarlo todo o consolar cualquier mal. Incluso el padre lo sabe.
Y puede parecer que el padre es ese ser que está ahí al lado, apoyando, pero de manera prescindible.
Pero hoy quiero reconocer a esos papás, que sobreviven al lado de una figura femenina y que sienten y padecen tanto o más que la mamá. Porque mamá te llevó en su vientre durante meses, pero papá se murió de envidia por no poder sentirte dentro como te sintió ella. Papá se pasaba el día acariciando la barriga de mamá para sentirte cerca, corriendo de un lado a otro para conseguir las frutas exóticas y raros antojos que tenía mamá porque tú, siendo un garbancito en crecimiento, ya tenías tus propios gustos. Papá se pasó esos meses haciendo trabajo doble para que mamá descansara, no se agotara y tú crecieras sano y fuerte.
Y llegó el momento de nacer. Y si tu mamá estaba nerviosa, tú papá lo estaba todavía más. Sentía las contracciones a través de las manos de mamá y marcaba la respiración para que se relajara mientras intentaba no desmayarse de la impresión. Era un querer aliviar el dolor a mamá, repartirlo entre los dos, ayudar de alguna manera y no poder. Fue el primero que te vio nacer, el primero que te cogió en brazos para presentarte a mamá, y aunque nunca lo admitirá, seguro que lloró y rió de alegría, de nervios, de emoción, de algo más y de no sabe ni qué. Todo a la vez. Y desde ese día, se quedó enamorado para siempre de ti.
Y aunque nunca lo admitirá, seguro que lloró y rió de alegría, de nervios, de emoción, de algo más y de no sabe ni qué. Todo a la vez.
Y según fuiste creciendo siempre permaneció ahí, a tu lado, quizá de una forma más sutil y discreta que mamá, pero siempre estuvo ahí. Estuvo en las actividades más locas y divertidas, porque son los papás los que suelen lanzarte al aire y hacerte sentir que vuelas, son los papás los que suelen correr hasta agotarse para jugar contigo, los que hacen de caballo para que te subas encima, los que te hacen cosquillas hasta llorar de la risa…
Hoy ya tendrá unos añitos más, quizá ya sea abuelo o quizá ya no esté por aquí para serlo, recuérdale, sea aquí o a través del viento, que reconoces su apoyo incondicional, sus palabras de ánimo, sus regañinas, sus juegos, sus abrazos, sus besos… Porque sin él, tú no estarías aquí y no serías así. Porque aunque parezca que lo sabe, también le gusta oírlo. Y aunque él no sepa qué día es hoy, aunque no sepa quién eres tú, quién es él o aunque no recuerde todo lo que hizo por tí, hoy, quizá, sea un buen día para pasarlo con él y devolverle un poquito de todo lo que te dio.
