Petra: Comenzando de nuevo gracias a las asociaciones de viudas

Me llamo Petra, tengo 68 años y llevo 6 meses aprendiendo a eso que mi nieto mayor llama “navegar por la red. Mi nieto se llama Joaquín como su abuelo, mi marido, y cuando nació hace 16 años se convirtió en la alegría de nuestra casa. Es un gran chico, un poco vago en los estudios pero nunca nos ha dado un disgusto, ni a sus padres ni a nosotros. Siempre estuvo muy unido a nosotros, tal vez porque vivíamos en la misma calle y nos veía todos los días, o porque desde niño comía y dormía en casa siempre que sus padres lo necesitaban o cuando a él le apetecía. En la habitación que era de su madre tiene lo que él llama “su base de operaciones” con el ordenador y un montón de aparatos raros y muchos cables, allí pasa horas y horas…

Joaquín comenzó a enseñarme a “navegar” para ayudarme a superar los últimos reveses que me ha dado la vida. Hace 3 años cuando solo quedaba un mes para la ansiada jubilación, mi marido falleció de forma repentina de un ataque al corazón. Justo cuando iba a comenzar el merecido descanso para los dos después de una vida entera de lucha y sacrificio. Mi marido era taxista, se paso horas y horas al volante, de día, de tarde, de noche, de madrugada… para juntar las pesetas que hacían falta en la casa para sacar adelante primero a los hijos, luego a los nietos, y ya llegando al final para asegurarnos una vejez feliz en la que pudiéramos hacer todo aquello que siempre habíamos dejado aparcado para otro momento mejor. Íbamos a irnos de viaje por primera vez, íbamos a conocer Venecia y Roma, las ciudades del amor y escenario de muchas de las películas italianas que tanto le gustaban. Me quedé sola cuando llegaba el final y sentí mucho dolor y miedo…

Pero no quiero hablar de eso ahora, porque si me he animado a escribir y contar mi experiencia como me ha pedido mi nieto no es para hablar de desánimo, sino de esperanza. Cuando uno llega a estos años piensa que ya todo terminó, que ya nada se puede aprender, que todo está perdido y lo único que queda por encontrar es la muerte, pero no es cierto, la realidad es otra. Después de perder a mi marido entré en contacto con una asociación de viudas de mi municipio, al principio fui un poco obligada, porque no tenía ninguna gana de salir y relacionarme, y menos con personas a las que no conocía y a las que en algún momento asocié con la imagen deteriorada que en mis tiempos se daba a las mujeres que perdían a sus maridos y no guardaban luto ni se quedaban en casa, “viudas alegres” que decía mi madre, mujeres que no respetaban ni el recuerdo de su compañero y se lanzaban a “vivir una vida loca”… ¡Que equivocada estaba! Gracias a la asociación me volví a sentir viva, sin por ello dejar en el olvido a mi Joaquín, siempre lo llevo en el corazón y en la cabeza, pero no me quedo en casa mientras lo hago. Con ellas voy de excursión, participo en cursos de manualidades y talleres de ganchillo (desde niña me gustaba mucho ganchillar con mis hermanas, ahora lo hago con mis amigas de la asociación), con algunas que viven cerca de mi casa salgo a pasear los domingos por la tarde, si hace malo a veces vamos al cine (aunque la pensión no da para hacerlo muy a menudo), tomamos un chocolate caliente mientras nos ponemos al día de lo que les sucede a nuestros hijos y nietos en estos tiempos de crisis e incertidumbre que nos toca vivir.

Cuando llegamos a esta edad, en lugar de quitarnos las zapatillas de correr la maratón de la vida, lo que debemos hacer es apretarnos más los cordones y seguir corriendo, seguir aprendiendo, seguir disfrutando, seguir viviendo.

Parte de mi recuperación también se la debo a mi nieto, cuando su abuelo se fue, al principio estuvo unas semanas sin venir a casa, su madre, mi hija, decía que estaba enfadado con todo y con todos, … no asimiló muy bien que su abuelo se fuera de repente, sin despedirse… pero un día apareció en casa y me dio un beso, me dijo que ahora él era el hombre de la casa y que siempre estaría ahí para cuidarme. Primero salíamos a pasear un rato todos los días, después cuando llegó el mal tiempo veíamos esas películas italianas que tanto le gustaban a su abuelo… poco a poco tuve menos tiempo para estar con él gracias a las actividades de la asociación de viudas… pero hace aproximadamente un año comenzó a decirme que lo que tenía que hacer era aprender a “navegar”, que eso era el futuro. Al principio me sentaba a su lado y el me llevaba de una página a otra para enseñarme vídeos y cosas raras que descubría y que le mandaban sus amigos… Un día me dijo que si aprendía a “navegar” podría ver recetas de cocina, patrones para mis proyectos de ganchillo y lo mejor de todo… que podría ver a Sheila, mi nieta pequeña, hija de mi hijo Manuel, el pequeño, que vive en Copenhague con su mujer, y a la que solo conocemos en foto porque todavía no han podido viajar para vernos (se fue allí por trabajo, conoció a Sylvia, su mujer, y ya no volvió). Al principio me parecía cosa de brujas, pero ahora ya comienzo a ser una experta de los video chat, puedo ver a mi niña sonreír y alegrarme cada día con sus pequeños avances,… ¡ahora le están saliendo sus primeros dientecillos! y yo puedo verlo aunque no este con ellos…¡que cosas tiene la modernidad!

Cuando llegamos a esta edad en la que se supone que todo acaba en lugar de quitarnos las zapatillas de correr la maratón de la vida y sentarnos a descansar, lo que debemos hacer es apretarnos más los cordones y seguir corriendo para no perdernos ni un segundo de lo que sucede a nuestro alrededor, seguir aprendiendo, seguir disfrutando, seguir viviendo.

Pilar Amaku

Soy bloguera de El Amaku desde que nació. Creo que las personas mayores necesitan un altavoz para ser vistas y oídas, porque sí hay vida después de los 65 años, una vida alegre y dinámica.

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4 Respuestas

  1. marisa dice:

    Que relato tan bonito y representa la situación de muchas mujeres.

  2. Soy una persona evidentemente mayor tengo 72 años pero el espiritu de un chaval yo digo soy un jovencito de 72 años. Hace tres años tuve la desgracia de quedarme viudo y digo desgracia porque mi esposa despues de un año de enfermedad donde fui su compañero asistente enfermero y todo para ella ademas de tanto luchar tenia un cancer de pecho murió…
    Bueno pues ahí comienza mi calvario y no por tener que hacer las cosas no ya hacia muchos años que las venia haciendo…
    Lo peor que soportamos los viudos o viudas no es el trabajo es la soledad. Eso me ha decidido a comentar mi situacion …Despues de la muerte de la pareja la vida para el que continua sigue y yo en vida de ella la entregué todo alma vida y corazon ademas de todo mi esfuerzo para intentar recuperarla…
    No me importaria contactar a traves de la red con mujeres en parecida situación y ademas en plan serio y formal y si despues de conocernos bien congeniamos no tengo inconveniente en compartir mi vida, pero solo por cariño y compañia.
    No busco una criada y mucho menos una esclava ni una muñeca Baby…Busco encontrar lo mismo que estoy dispuesto a dar compañia cariño y amor….Espero vuestras noticias prometo contestar a todas las que creais haber encontrado una buena persona y deseo que una llegue a buen puerto…Un abrazo

    Fdo Agustin.

    • Pilar Amaku dice:

      Hola Agustín,

      Realmente la soledad, después de estar al cuidado de tu esposa por tanto tiempo y de compartir tantas cosas juntos, debe sentirse enorme y terrible.

      Te dejo un enlace al post donde comentamos 10 razones para sonreír en la tercera edad, a ver si alguna de esas razones te ayuda aunque sea un poquito:
      https://www.elamaku.com/10-razones-para-sonreir-en-la-tercera-edad/

      Lamento mucho que te sientas así y espero que pronto encuentres algo que llene tus días. Me pondré en contacto contigo en privado para saber de dónde eres y encontrar una solución a tu soledad.

      Un abrazo, Pilar.

  1. […] vuestras experiencias como jubilados y jubiladas desde diferentes perspectivas, como la de Petra, que gracias a las asociaciones de viudas se volvió a sentir viva; o Bernardo, que declaraba su […]

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