Hortensia: Cuando las ayudas por dependencia se quedan en el papel

¡Hola! Mi nombre es Hortensia, tengo 65 años recién cumplidos y desde hace dos estoy jubilada. Para decir la verdad hace dos años mi jefa (he trabajado durante muchos años de cocinera, los últimos 20 en el mismo restaurante) me “despidió” y pasé a cobrar el subsidio de desempleo y una vez finalizó comencé a cobrar la jubilación… ya sé que esta comienza a ser una práctica común cuando los empresarios quieren deshacerse de los mayores, que en determinados trabajos notamos más los achaques de la edad que en otros… en mi caso las piernas y la espalda se resentían cada vez más, … aunque no fue una cuestión de salud la causa del cese, ni tampoco que mi ritmo de trabajo se hubiera reducido, al contrario, seguía cumpliendo con tanta energía como el primer día… pero Teresa, mi jefa, y también mi amiga, se hizo cargo de la situación que tenía en casa y me dio la libertad laboral que necesitaba.

Nunca me casé, no por falta de oportunidades sino por dejadez al principio y por comodidad más tarde… una vez que te acostumbras a la soledad es difícil intentar hacer vida en pareja. Tuve novios, de joven no era mal parecida, era divertida, pero ninguno logró convencerme para dar el paso del matrimonio… Por otro lado el cuidado de mis padres pronto ocupó la mayor parte de mi tiempo libre, por lo que poco a poco fui postergando la idea de formar una familia hasta que esta se diluyó en el tiempo y el espacio.

Soy hija única (mi madre tuvo un mal parto y después de nacer yo no quiso volver a intentar otra maternidad), este hecho y mi soltería me convirtieron en huésped permanente en casa de mis padres, aunque ahora, vicisitudes de la vida, soy yo la que la organiza y gestiona. Mis padres siempre gozaron de buena salud, todo era paz, tranquilidad y felicidad hasta que hace 10 años mi padre enfermo de cáncer de próstata y falleció, pobrecito, el pobre se consumió en apenas unas semanas. En el momento me pareció un sufrimiento imposible de sobrellevar, me costó hacerme a la idea repentina de no tenerle cerca para hablar y bromear… aunque ahora viviendo de nuevo la enfermedad en carnes de mi madre y observando el deterioro progresivo que padece, lento en el tiempo pero más intenso cada día, me doy cuenta de que los que quedamos somos egoístas al querer la permanencia del cuerpo de nuestro ser querido al lado, aunque ese cuerpo ya no tenga vida, y si el cuerpo tiene vida pero la mente ya vuela lejos de este mundo es preferible la ausencia para los que tanto los adoramos.

“Me doy cuenta de que los que quedamos somos egoístas al querer la permanencia del cuerpo de nuestro ser querido al lado”

Pocos meses después de fallecer mi padre, mi madre comenzó a mostrar los primeros síntomas de alzehimer, al principio lo lleve como mejor pude, solo eran olvidos temporales, parciales… pero poco a poco la situación empeoró y todo se complicó con una caída hace 4 años que la dejó con 86 años en una silla de ruedas.

Antes de la caída la enviaba a un centro de día por las mañanas, a media tarde, cuando la traían de vuelta una vecina se quedaba con ella hasta que yo llegaba, era una hora, y Jacinta, mi vecina, se quedaba con ella a cambio de nada (en pago, como ella decía, por la comida que muchas veces mi madre le facilitó a ella cuando tenía a todos los niños pequeños y llegaba a trompicones a fin de mes… solidaridad vecinal de la de toda la vida, la que realmente funciona en tiempos tan difíciles como los que nos toca vivir ahora)… pero Jacinta también tenía obligaciones, sus hijos necesitaron que se ocupase de sus nietos para poder cumplir con sus jornadas laborales y entonces tuve que pedirle a Teresa que me arreglara la jornada para poder atender a mi madre…

Cuando se cayó en el rellano de la escalera todo se complico aún mas, ahora ya no era solo su alzehimer, también su incapacidad… durante unos meses contraté una chica para que la cuidara mientras iba a trabajar, pero poco a poco mis ahorros fueron menguando… enviarla a una residencia me parecía una crueldad y su pensión no era suficiente para costear su estancia, debería sumar buena parte de mi sueldo… Entonces Teresa me propuso el despido y me pareció la mejor solución…

Llevo dos años dedicándome al cuidado de mi madre. Sigo esperando las ayudas por dependencia que me corresponden… aunque ya creo que no llegaran a tiempo. Paso todo el día en casa, recibo las visitas de mis vecinas, y Teresa y su familia vienen a verme a menudo. Precisamente fue Sandra, la hija de Teresa, que es mi ahijada la que me ha introducido en este mundo de internet y las redes sociales. Como regalo de “jubilación” me regalaron un ordenador, y ella con mucha paciencia me ha ido enseñando como funciona y como manejarme… es mi forma de estar en contacto con el mundo. Me gusta leer las noticias de las revistas de cotilleos, las de las novelas que sigo en la televisión con mi madre al lado… es mi forma de evadirme…

“Yo no tuve hijos, pero sí, la vida es muy paradójica… acabamos cuidando a los que nos cuidaron…”

Que paradójica es la vida, hace unos días Sandra me dijo: “Cuando eres niño tus padres te cuidan, dejan de hacerlo cuando comienzas a cuidar a tus hijos, y cuando tú dejas de ocuparte de ellos pasas entonces a ocuparte de tus padres”… Yo no tuve hijos, pero sí, la vida es muy paradójica… acabamos cuidando a los que nos cuidaron… Suerte que yo puedo cuidar a mi madre, ¿Quién me cuidará a mi?

Pilar Amaku

Soy bloguera de El Amaku desde que nació. Creo que las personas mayores necesitan un altavoz para ser vistas y oídas, porque sí hay vida después de los 65 años, una vida alegre y dinámica.

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1 respuesta

  1. Ana dice:

    DEsde mi punto de vista profesional ;Hortensia podría haber tenido mas opciones antes de que su jefa tomara la opción de despedirla, si dentro de su convenio, pudiera haber optado por la reducción de jornada por el cuidado de un familiar,para no perder su trabajo. En el caso de su madre cuando le sobrevino el Alzheimer…hubiera solicitado la Dependencia de su madre, con el fin de solicitarle centro de día, con lo cual la dependencia había cubierto según su grado de dependencia y capacidad económica y sus ahorros no se habrían perdido.Asi como también solicitar la residencia.Inclusive la prestación economica de cuidados en el entorno familiar,con la excepción de que si hay una vecina que la puede cuidar entra dentro del derecho a percibir esa cuantía dependiendo de su grado de discapacidad y capacidad economica de su madre como solicitante de la Dependencia. En estos casos acudan a los Trabajadores Sociales de organismos públicos o privados para que sean bien informados de cada caso y tengan en cuenta que la ley de Dependencia ha ayudado a mucha gente entre ellos bebes discapacitados, personas mayores y enfermos en su gran mayoria.

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